Blog - Programar pero también pensar críticamente a nivel social

Como expuse en mi última colaboración dentro de sección de opinión, me preocupa que nuestro futuro social, altamente influenciado por la inteligencia artificial, quede en manos de profesionales altamente calificados a la hora de programar (pensamiento técnico), montar negocios (pensamiento comercial) pero incapaces de dimensionar el debate deontológico y humanístico que entraña todo avance al interior de nuestras sociedades. Parafraseando a Jaume-Palasí, mi temor está en las potenciales consecuencias que puede traer consigo la ¨dictadura del algoritmo¨, que no es más que cualquier otro tipo de dictadura ejercida por el hombre, pero encubierta por la tecnología.

Si bien están surgiendo iniciativas muy interesantes y con una relevancia e impacto social, como es el caso de VeriPol, la cual se ha venido implantando en España para la detección de denuncias falsas, los peligros inherentes, a consecuencia del auge del algoritmo y del seguimiento que se puede hacer de toda nuestra actividad diaria, entro otros aspectos, exigen posturas críticas que ayuden a que no perdarmos el norte entre tanto avance e innovación llamativa.

La creciente relevancia que está teniendo la programación en la actualidad está trayendo consigo que países como China haya comenzado en 2017 al desarrollo de planes para la formación en esta materia a sus estudiantes, desde primaria. Mientras que en países como España, un estudio realizado en 2016, daba cuenta del alto nivel de sensibilización y el rol clave que tienen los padres a la hora de formar a sus hijos en torno a estos temas. Ahora bien, ¿Convendría revisar el currículo educativo, a todos sus niveles, para seguir los pasos de China en toro a este tema?

Quizás habría que dar el debate sobre lo que implicaría este tipo de propuestas. Un tema planteado en una reciente publicación hecha por el World Economic Forum y que considero muy interesante a tener en cuenta, ya que en él se plantean posiciones críticas y a favor de este tema. Pese a las diferentes aristas que puede tomar este debate, entre quienes se muestran más críticos versus los que se muestran más favorables, el que un mayor número de personas sepan las potenciales implicaciones que pueden traer estos temas a nuestro quehacer diario, a mi modo de ver, resulta interesante. Al menos para debatir seriamente al respecto. Pero, más allá de la importancia que puede tener el saber cómo piensa y cómo podemos comunicarnos y darle ordenes a una máquina, para que realice procesos por nosotros, resulta también muy importante que este debate no se centre únicamente en lo técnico y mire lo humanístico. Sobre todo que se pueda concebir, no solo, la necesidad de que todos aprendamos a programar, sino que se forme a nuestros ciudadanos a pensar social y críticamente, desde la filosofía o materias afines, siendo capaces de reconocer los límites éticos de sus actos, por ejemplo.

Nadie duda que Steve Jobs ha sido una de las personas que más transformaron a la humanidad en los últimos 30 años, pero es preciso recordar que él no fue ingeniero ni programador (esa tarea la hacía su amigo Woz y el equipo que logró armar durante aventura llamada Apple). Él, antes que técnico, fue un visionario empresarial pero también social, quien supo reconocer la potencialidad de un área que apenas se abría ante él en la década de 1980, como era la informática. Por tanto, tocaría pensar más este debate como una suma de áreas o saberes que deberían ser transversales a lo largo de toda nuestra formación, y no dejarnos llevar solo por los ¨fuegos artificiales¨ que generan las innovaciones tecnológicas que hoy vemos diariamente.  Sobre todo si lo que deseamos es que estos avances no se nos conviertan luego en armas arrojadizas contra nosotros mismos (sociedad en general) y en esa dictadura que hablaba Jaume-Palasí.

 

Artículo publicado en Colombia Digital.


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