Blog - ¿Cómo superamos la borrachera digital actual?

Me tomo la licencia a la hora de coger prestado un calificativo hecho por Cristóbal Cobo, al momento de dar cuenta los tiempos en los que transitamos, donde la gran acumulación de información no pareciera estar haciéndonos mejores ciudadanos, sino seres dóciles. Personas incapaces de ¨procesar¨ y de asumir acciones participativas claras y prolongadas en el tiempo, que eviten la pérdida de derechos ganados a manos de quienes controlan los contenidos que accedemos y divulgamos. 


Nos encontramos en un tiempo de vorágine, donde las ideas importantes se diluyen entre el mar de Spam que recibimos diariamente. Lo peor es que pareciera que nos encontramos en una sociedad global, cada vez más segregada en grupos o ¨tribus digitales¨, donde se alimenta nuestra intolerancia ante posiciones ideológicamente divergentes. 


Ante la realidad en la que nos encontramos, considero que estamos perdiendo la batalla de formar ciudadanos, capaces de ejercer sus derechos y deberes en la tierra prometida que nos ofrecía la sociedad del conocimiento. La volatilidad de la información y nuestra muestra de incapacidad de construir una narrativa social, individual y colectiva, nos está transformando en simple prosumidores, ególatras, egoístas y epidérmicos, incapaces de profundizar más allá de un puñado de tweets, likes o post a nuestro alcance. 


Es aquí que me pregunto ¿Cómo superamos esta borrachera digital en la que nos encontramos hoy día? La única forma que veo posible conseguir una respuesta plausible es a través de la educación. Es decir, desde una formación que logre integrar lo técnico con lo humanístico, donde las STEM (science, technology, engineering y mathematics), puedan convivir con la filosofía y la historia, por ejemplo. Sobre todo, si no queremos seguir contribuyendo a la formación de personas, analfabetas a nivel ciudadanos pero profesionalmente capaces de realizar las labores que se les asignan. Para ello, necesitamos contar con profesores y agentes educativos capacitados, conscientes de la problemática que tenemos frente a nosotros e interesados en que las generaciones que nos anteceden sean mejores que nosotros, en todos los sentidos posibles. Pero sobre todo que sean personas capaces de discernir más allá de la simple exposición de términos sacados de contextos o tergiversados por tendencias o modas impuestas desde las pantallas de nuestros móviles.


Todo suena muy difícil en estos tiempos, aunque no imposible. Lo que planteo considero que ayudaría a romper la hegemonía de los Zucherberg y políticos populistas, que están sacando provecho de nuestra docilidad y borrachera digital para llevarnos a la sociedad distópica, donde lo que prima, a toda costa, es el interés a la hora de ganar electores, favorecer tendencias y llevarnos a asumir posiciones radicales (pasivas o activas) ante cualquier acontecimiento que nos alcance.


Si no reaccionamos a tiempo, nos convertiremos (si ya no es muy tarde) en el perro de Pavlov, mientras los radicales (de izquierda y de derecha) están tomando el control de nuestras sociedades y la defensa de los valores ciudadanos y la defensa de los derechos humanos, por ejemplo, pierden terreno a manos de estos. Sobre todo motivado por la complicidad silente que muchas veces asumimos para no incomodar a los que nos rodean o evitar el matoneo hacia nosotros. O pero aún, asumiendo una postura de falsos ciudadanos, que se escudan en la no injerencia y en la afinidad ideológica de quienes ejercen estos actos para justificar la docilidad ejercida por estos. 


Creo que toca escoger, queremos ser profesionales del siglo XXI incapaces de pensar como ciudadano, o impulsar acciones que ayuden a quitarnos esta borrachera de encima y empezamos a tomar consciencia individual y colectiva alrededor de la importancia que tiene la formación ciudadana y humanística, en estos tiempos digitales que vivimos.

 

Artículo publicado en Colombia Digital.


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